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Ciencia vs. Religión

“Misticismo” es un concepto mucho más abierto que el de “religión”, pues permite una convivencia de matices más amplia que por lo general la religión sencillamente condena. Pero, al ser la religión un tema que todavía goza de gran protagonismo en nuestros países (no solo en el ámbito social sino político) permitámonos referirnos a él en esta entrega.

Existe un parentesco cercano entre filosofía y religión ya que ambas se centran en dar respuesta a la pregunta central sobre el significado de la existencia. La oscuridad en el significado de la palabra “religión” se crea porque esta admite una amplia variedad de interpretaciones en práctica real. En el nombre de la religión uno podría cultivar un sistema de creencias basado meramente en el dogma teológico, e incluso es posible provocar una ansiedad extrema por la realización de Dios. Los impulsos externos de los fieles pueden al igual variar enormemente, desde, por ejemplo, una serena meditación en una sala tranquila hasta un templo atestado de devotos empujándose unos contra todos entregados a ciegas manifestaciones de devoción. Típicos ejemplos de estos extremos son los lugares de adoración de las sociedades Védicas de las misiones de Ramakrishna en India donde la atmósfera es siempre tranquila y muy propicia a la contemplación silenciosa, y, en marcado contraste, el extremadamente bullicioso ambiente del templo Tirupati en Andhra Pradesh, también en India, donde a cualquier hora del día y la noche habrá siempre un mar de humanos esperando de forma paciente por horas para tener una visita fugaz a la deidad – Istadevata. Es una experiencia conmovedora escuchar esas oraciones repletas de gemidos inefables.

La ciencia es también compañera cercana de la filosofía y la religión aunque su dominio de investigación sea diferente. La ciencia lidia con la exploración de las verdades subyacentes a nuestro universo externo, y aunque no pretenda develar el misterio supremo que rodea a la creación, sí intenta responder por medio de sus teorías comprensivas todas las preguntas planteadas desde ese evento. Un esfuerzo científico en esta línea puede ser el de la cosmología, donde la meta es examinar las preguntas asociadas al origen y evolución de la vida, y si es posible, determinar las causas de la consciencia humana.

El ámbito de la ciencia se extiende en la dirección de ambas, unidad y diversidad; por otro lado, se da un esfuerzo constante por descubrir leyes unificadoras que expliquen fenómenos diversos mientras un universo en constante diversificación ofrece abundantes oportunidades para descubrir nuevos fenómenos. Por ejemplo, la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica pertenecen a la primera categoría con su énfasis puesto en la unidad, mientras que la división del átomo expuesta por Rutherford pertenece a la segunda categoría de diversidad.

Podremos comenzar a apreciar la dimensión de la universalidad en los esfuerzos de la ciencia y la espiritualidad siempre y cuando no nos restrinjamos ni en la comprensión de nuestro mundo externo ni en nuestro propio universo interno de pensamientos basándonos exclusivamente en lo que nuestro sentido común pueda soportar. Si lo hiciéramos, no podríamos apreciar la necesidad y belleza de las doctrinas metafísicas. Esta necesidad de ver más allá del ambiente personal inmediato en búsqueda ya sea del entendimiento intelectual o de una profunda experiencia personal, es expresada de varias formas por científicos y filósofos. El punto de vista expresado por Fritjof Capra en su Tao of Physics resume muy bien el resultado de tales deliberaciones:

“Veo a la ciencia y al misticismo como dos manifestaciones complementarias de la mente humana, de sus facultades racionales e intuitivas. El físico moderno experimenta el mundo por medio de una extrema especialización de la mente racional; el místico a través de una extrema especialización de la mente intuitiva. Ambos enfoques son enteramente diferentes e incluyen mucho más que una simple visión del mundo físico. Sin embargo son complementarios, como hemos aprendido a decir en la Física. Ninguno es comprendido por el otro, y tampoco ninguno puede ser reducido al otro, pero los dos son necesarios, se complementan para dar un conocimiento mayor acerca del mundo… La ciencia no necesita al misticismo y el misticismo no necesita a la ciencia, pero la humanidad necesita a ambos”.

No existe contradicción inherente al abordar de manera simultánea a la religión y a la ciencia, siempre y cuando, claro está, el ámbito de ambas y su línea de demarcación sean apropiadamente reconocidas. Si la adherencia a la religión o a cualquier otro tipo de doctrina espiritual se debe enteramente al dogma teológico sin ningún tipo de experiencia de sus principales pronunciamientos, habría, por supuesto, muchísimo espacio para un serio conflicto interno que nace en medio de los valores de la ciencia y la religión. Este parece ser el caso de las religiones donde el misticismo ha perdido todo su soporte.

Pero incluso si tuviéramos que reconocer el carácter irreconciliable de las metas entre la ciencia y la religión a pesar de su característica común de universalidad, la dificultad no se traslada a los practicantes de la ciencia y de la religión. Es bien sabido que a lo largo de la historia de la ciencia han existido eminentes científicos que han sido muy religiosos, y a la inversa, muchos seres notables de religión que nunca aceptaron ciegamente los dogmas de la religión. Para citar solo un ejemplo, Isaac Newton, uno de los más grandes científicos de todos los tiempos, fue un hombre muy religioso y escribió prolíficamente sobre religión, aunque sus contribuciones se mantuvieron anónimas hasta el día de su muerte a razón del rumbo de los tiempos en los que él vivía. Él mantuvo en secreto sus extensos tratados religiosos por miedo a que fuesen mal interpretados como anti-científicos. Como ejemplo de hombres religiosos poseídos de una fe inquebrantable en sus descubrimientos científicos, podemos mencionar la heroica historia de Galileo quien tenazmente sostuvo sus convicciones basadas en observaciones empíricas de los confines del espacio. Lo hizo a pesar de los juicios y tribulaciones que tuvo que enfrentar por parte de una iglesia autoritaria.

En la categoría de hombres religiosos teniendo en cuenta los métodos científicos, uno solo tiene que reconocer las ricas tradiciones del pensamiento filosófico Hindú. Todos los seis sistemas de filosofía de la categoría ortodoxa, eso es, aquellos que se suscriben a la autoridad de los Vedas, subrayan la importancia del pensamiento racional, el cual es característico de la ciencia. Por ejemplo, una de las quejas que normalmente oímos de la filosofía no-dualista de Samkara es que es tan abstracta y teórica que apela únicamente a los intelectuales. En cuanto a la filosofía del Yoga del sabio Patanjali, que se estudia junto a la filosofía Samkhya del sabio Kapila, se dedica por completo a los medios prácticos para experimentar las verdades reveladas. En la terminología científica, la filosofía del Yoga pertenece predominantemente a la categoría de experimentación donde el principal aparato científico utilizado es el propio aparato psico-físico del individuo. Aunque el concepto de verificación de hipótesis en el campo espiritual sea de una índole diferente en comparación al aplicable en los experimentos científicos, la insistencia en suspender cualquier juicio hasta que uno finalmente experimente los postulados axiomáticos de la teoría es una forma de invitar al respeto sano de un científico que está lleno de escepticismo por las prácticas místicas.

Ambas, ciencia y religión, pueden ser abordadas con una mente abierta para ahorrarse situaciones de conflicto, eso sí, entendiendo que todos somos libres de vivir del lado de una, de la otra, o de ambas. Como bien lo dijo el metafísico y filósofo Bertrand Russell en la introducción a su libro A History of Western Philosophy:

“Filosofía, de la forma en que yo comprendo esa palabra, es algo intermedio entre teología y ciencia. Como la teología, consiste en especulaciones sobre hechos en torno a los cuales el conocimiento definitivo ha sido, hasta el momento, indeterminable; pero como la ciencia, apela más a la razón humana que a la autoridad, ya sea a la de la tradición o a la de la revelación. Todo conocimiento definitivo pertenece a la ciencia; todo dogma a la teología. Pero entre la teología y la ciencia existe una Tierra de Nadie, expuesta para ser atacada desde ambas vertientes. Esa Tierra de Nadie es la filosofía. Casi todas las preguntas de los más variados intereses de las mentes especulativas son tales que la ciencia no las puede responder, y las confidentes respuestas de los teólogos ya no parecen ser tan convincentes como lo fueron en siglos pasados. ¿Está el mundo dividido entre mente y materia, o está poseído de poderes independientes? ¿Tiene el universo algún tipo de unidad o propósito? ¿está evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes en la naturaleza, o solo creemos en ellas gracias a nuestro innato amor por el orden? ¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, una pequeña lámpara de carbón impuro y agua arrastrándose impotentemente sobre un pequeño e impotente planeta? ¿o es lo que le parece a Hamlet? ¿Es quizá ambos al mismo tiempo? ¿Existe una forma de vivir que sea noble y otra que sea básica, o son todas las formas de vivir fútiles? Si existe una forma de vivir que sea noble, ¿en qué consiste y cómo podemos alcanzarla? ¿Debería lo bueno ser eterno para merecer ser valorado? ¿seguiría valiendo la pena esforzarse para lograrlo aún cuando el universo se sigue moviendo inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe cosa tal como la sabiduría o es simplemente el refinamiento último de la locura? A tales preguntas no se les puede encontrar ninguna respuesta en un laboratorio, mientras que las religiones han profesado dar respuestas, demasiado definidas, pero su propia definición levanta en las mentes modernas únicamente sospechas. Por eso, el estudio de estas preguntas, no así sus respuestas, son el campo de la filosofía.”

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